PARTE 2: EL DÍA QUE DEJARON DE TENERME
La primera reacción de Mateo fue reír.
Cuando encontró la nota pegada en el refrigerador, pensó que era otra de mis formas de expresar enojo.
Una protesta silenciosa.
Un intento de llamar su atención.
—Clara está haciendo drama otra vez —dijo mientras tomaba el café que quedaba en la cafetera.
Mi suegra, Rosa, ni siquiera levantó la cabeza.
—Déjala. En dos días volverá.
Ambos estaban convencidos de que yo funcionaba así.
Me iba un rato.
Me enfadaba.
Luego regresaba.
Porque durante nueve años eso fue exactamente lo que hice.
Siempre volvía.