«Vuelve de vacaciones, mamá no está bien», me escribió mi marido. Acepté… y regresé exactamente el día que tenía previsto.

Después volvió a cerrarla.

En ese momento se abrió la puerta de entrada.

Javier.

Miré la hora.

—¿No estabas trabajando?

—Me he olvidado el ordenador.

Se detuvo al ver a su madre.

—¿Mamá?

Carmen se volvió inmediatamente hacia él.

—Qué bien que estés aquí. Explícale a tu mujer lo que significa formar parte de una familia.

Javier cerró lentamente la puerta.

Después dejó las llaves.

—Mamá…

—No. Ayer tu padre tuvo que ir corriendo al supermercado el día de su propio cumpleaños. Tú pasaste dos horas en la cocina. Lucía tuvo que coger un taxi desde la estación con los niños. Todo porque Elena decidió quedarse en la playa.

Javier guardó silencio.

Carmen cruzó los brazos.

—Di algo.

Él miró a su madre.

Después me miró a mí.

—Elena tenía razón.

Carmen parpadeó.

—¿Qué?

Javier se apoyó contra el mueble de la entrada.

—Tenía razón al no volver antes.

No esperaba oír aquello.

Carmen tampoco.

—Javier, ¿estás bromeando?

—No.

—¡Ayer todavía estabas furioso con ella!

—Sí.

Asintió.

—Hasta que papá me contó algo.

Carmen se quedó inmóvil.

Noté inmediatamente el cambio en su expresión.

—¿Qué te dijo Antonio? —pregunté.

Javier miró a su madre.

—Que mamá había planeado desde el principio que Elena se encargara de casi todo.

—¡Eso es mentira! —soltó Carmen.

—Papá me enseñó vuestros mensajes.

El silencio se hizo absoluto.

Javier sacó el teléfono.

—Tres semanas antes de que Elena se fuera de vacaciones, le escribiste: «No te preocupes por la fiesta. Elena seguramente volverá antes. Ella puede encargarse de la comida».

Carmen se puso roja.

La miré.

—¿Tres semanas antes de mis vacaciones?

Javier asintió.

—Y eso no es todo.

Deslizó el dedo por la pantalla.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *