Desperté de un coma y escuché a mi hijo susurrar: “No abras los ojos, mamá… papá está esperando que te mueras.” En ese instante entendí que mi accidente no había sido un accidente, y que mi esposo y mi propia hermana estaban esperando mi muerte para quedarse con todo.

Sergio avanzó hacia él.

—Ven acá ahora mismo.

—No lo toque —ordenó Gálvez.

La puerta volvió a abrirse y entraron 2 policías de la Fiscalía.

—Señora Renata, saque la mano de la bolsa —dijo uno.

Renata sonrió de forma torcida.

—¿Ahora van a creerle a un niño asustado?

—Vamos a creerle a la grabación —respondió Gálvez.

Sergio la miró con odio.

—¿Qué grabación?

—Desde que entré a este cuarto, todo está grabándose.

Renata sacó la mano de la bolsa.

Algo metálico brilló entre sus dedos.

Un bisturí pequeño.

Mateo retrocedió.

Valeria quiso gritar. Quiso levantarse. Quiso arrancar a su hijo de ahí.

Pero su cuerpo solo logró mover la mano otra vez.

Mateo sintió el movimiento.

—¡Mi mamá se movió!

Renata lo vio también.

Y su expresión cambió.

Ya no era miedo.

Era desesperación.

—Si despierta, todos estamos perdidos —dijo.

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