—¿Quién la dejó entrar? —preguntó, mirando hacia la cámara del pasillo.
—El mismo personal del hospital que ya habló con la policía sobre su comportamiento —respondió la licenciada Gálvez.
Renata dio un paso al frente con una sonrisa perfecta.
—Licenciada, qué bueno que vino. Pero esto es una tragedia familiar, no un circo legal. Mi hermana tuvo un accidente. Punto.
—Un accidente muy curioso —dijo Gálvez, levantando una tablet—. El peritaje mecánico indica que las líneas de freno fueron cortadas con herramienta. No se rompieron por desgaste.
Valeria escuchó cada palabra como si le devolvieran aire a los pulmones.
Mateo seguía junto a ella, agarrándole la mano con cuidado. Sus dedos pequeños temblaban, pero no la soltaba.
Renata se inclinó hacia Valeria y fingió acomodarle la sábana.
—Eso no prueba nada —susurró con veneno—. Nada.
Pero Valeria sintió algo distinto.