Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existe-dynana

 

Ana respondió que podía organizarse.

El médico la observó unos segundos, como si quisiera preguntar algo más, pero no lo hizo.

Ella agradeció esa prudencia.

Mientras tanto, Víctor empezó a recibir mensajes de Rita con una frecuencia distinta.

Antes del trasplante ella le escribiría a cualquier hora.

Le preguntaba cuándo podrían verse, qué iba a pasar con ellos y cuánto faltaba para que él resolviera su matrimonio.

 

Ahora quería saber cuándo saldría del hospital.

Y, sobre todo, cuándo podrían hablar de la casa.

Víctor seguía sin saber que ya no había una casa que entregar.

Cuando finalmente recibió autorización para salir, pidió que Ana fuera por él.

La enfermera que tomó el mensaje volvió unos minutos después.

—Su esposa no vendrá.

Víctor frunció el fruncido.

—¿Habló con ella?

—Se dejó el aviso en el número registrado.

 

No hubo más explicación.

Víctor llamó otra vez.

Ana dejó sonar el teléfono hasta que se apagó.

Entonces él hizo lo que todavía le resultaba más fácil que aceptar un rechazo: llamó a Rita.

Ella llegó poco después.

Víctor llevaba una bolsa con sus cosas, algunos documentos médicos y el anillo de Ana guardados en un bolsillo interior de su chamarra.

 

Durante el trayecto habló poco.

Rita, en cambio, preguntó dos veces si Ana había dado señales de querer discutir la propiedad.

—Eso lo arreglo después —dijo Víctor.

—Me dijiste que estaba hecho.

—Dije que lo iba a hacer.

La diferencia no le gustó a Rita.

Víctor apoyó la cabeza contra el asiento.

 

Todavía creía que el problema más grande que lo esperaba era una esposa ofendida.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *