—No.
—Estás exagerando.
—Tú me mandaste una fotografía usando propiedad que sacaste de mi casa mientras intentabas abandonar el país con documentos de la empresa.
Silencio.
—Pensaste que ibas a dejarme sin nada —continué—. El problema, Daniel, es que subestimaste a la persona equivocada.
Colgué.
A las 8:10, Daniel y Camila todavía no habían abordado ningún avión.
Y para entonces, los abogados ya iban camino al aeropuerto.
Parte 3
No fui al aeropuerto.
Durante años Daniel había conseguido que cada conflicto terminara convirtiéndose en un espectáculo.
Esta vez no le concedí ese escenario.
Todo pasó mediante abogados, personal de cumplimiento, investigadores y procedimientos corporativos.
Los documentos hablaron por mí.
Autorizaciones cuestionables.
Transferencias detenidas.
Gastos personales cargados a Grupo Santillán.
Facturas emitidas por la empresa de Camila.
Equipos y documentos retirados sin autorización.
Mensajes donde ambos discutían qué pensaban hacer después de salir de México.
Y aquella fotografía.
Daniel sonriendo junto a Camila, con una joya robada en la muñeca de ella, acompañado por su propio mensaje:
“Cuando despiertes, no te quedará nada.”
Ese mismo día su abogado me llamó.
—Daniel quiere resolver esto discretamente.
Observé la cocina donde durante años había desayunado frente a un hombre que me hacía sentir culpable cada vez que cuestionaba algo.
—Yo también quería resolver muchas cosas discretamente —respondí—. Antes de descubrir cuánto llevaba ocultándome.
2 semanas después, el consejo despidió a Daniel por causa justificada.