Su maestra, la señora Ana, comprendió rápidamente su personalidad.
—Sofía tiene un corazón tan grande que ilumina toda la clase —solía decir.
El poder de sentirse comprendida
La presencia de un maestro que sabe reconocer las capacidades de cada estudiante puede marcar una diferencia importante. Los niños no aprenden todos de la misma manera ni al mismo ritmo.
Para Sofía, recibir paciencia y comprensión significaba tener la oportunidad de demostrar lo que podía hacer sin sentirse presionada por las expectativas de los demás.
La señora Ana no se concentraba únicamente en las dificultades. También destacaba la creatividad, la sensibilidad y la perseverancia de la niña.