Las diminutas flores se habían vuelto tan delicadas que casi me daba miedo tocarlas.
Pero cada primavera… lo hacía.
Porque Michael me había pedido que lo conservara para siempre.
—Yo me quedaré con mi boutonnière —había dicho él—. Tú quédate con tu ramillete. Y cuando seamos viejos y tengamos arrugas… —Había sonreído. «…veremos qué flor sobrevive más tiempo».
Recuerdo que puse los ojos en blanco.
«¿Ya dabas por hecho que llegaríamos a viejos y arrugados?»
La vida tenía otros planes.
Michael y yo empezamos a salir a mitad de segundo año de bachillerato.
Él era esa clase de persona que no podía cruzar el aparcamiento del instituto sin detenerse a ayudar a alguien.Ocasiones
Yo era la chica que siempre llevaba dos libros de la biblioteca en lugar de uno, porque me gustaba tener un plan B.
Él olvidaba los deberes. Yo los organizaba por colores.