Horas antes de su ejecución, la niña de 8 años se acercó al oído de su madre y susurró: —Mamá, encontré algo dentro de Teddy. Antes de que terminara aquella noche, la ejecución fue suspendida… y un caso que llevaba 5 años comenzó a desmoronarse.

Un vecino aseguró haber visto su camioneta cerca del edificio aquella noche.

Y, apenas 6 horas antes del asesinato, varias personas habían escuchado a Elena discutir con Marcus por la venta de unas tierras familiares.

El jurado tardó menos de 4 horas en declararla culpable.

La sentencia fue muerte por inyección letal.

Desde entonces Elena había repetido la misma frase:

-Yo discutí con Marcus. Pero no lo maté.

Ya nadie quería escucharla.

Excepto, quizá, Robert Hale, el director de la prisión.

Hale llevaba 29 años trabajando en el sistema penitenciario. Había visto a hombres culpables negar sus delitos hasta el último segundo y a otros derrumbarse mucho antes de llegar a la cámara de ejecución.

Elena era diferente.

Nunca había cambiado una sola parte de su historia.

Cuando la solicitud llegó a su escritorio, Hale leyó el nombre de la niña.

Chloe Mercer.

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