Cuando le tocó hablar, no intentó defender la condena.
-Señoría, el Estado ya no sostiene que la condena de Elena Mercer sea confiable.
El juez levantó la vista.
-¿La fiscalía se opone a la solicitud de anulación?
-No, señoría.
Un murmullo atravesó la sala.
El fiscal continuó:
-Lo que ocurrió en este caso representa una grave falla del sistema. Evidencia decisiva fue ocultada mediante actos criminales de un tercero y un testigo presentó información falsa a los investigadores.
Hizo una pausa.
-Y una mujer inocente estuvo a menos de 1 hora de ser ejecutada.
Elena bajó la cabeza.
Sarah le tomó la mano.
El juez revisó durante casi 40 minutos los documentos.
Finalmente se quitó los lentes.
-Señora Mercer, míreme.
Elena levantó la cara.
-Usted perdió 5 años de su vida.
La sala quedó en silencio.
-Esta corte no puede devolvérselos.
Elena apretó la mano de Sarah.
-Pero puede asegurarse de que el Estado no le quite ni un día más.
El juez miró los documentos.
-La condena por el asesinato de Marcus Vance queda anulada.
Elena comenzó a llorar antes de que terminara.
-Las condiciones de custodia quedan levantadas de inmediato.
El juez hizo una pausa.
-Señora Mercer, puede irse.
Durante unos segundos Elena permaneció sentada.
Sarah tuvo que susurrarle:
-Elena.
Ella la miró.
-Ya terminó.
Un oficial se acercó.
Se arrodilló junto a sus tobillos.
Abrió el primer grillete.
Después el segundo.
El sonido del metal cayendo al suelo fue pequeño.
Para Elena sonó más fuerte que cualquier cosa que hubiera escuchado en 5 años.
Se puso de pie.
No miró a los periodistas.
No miró al fiscal.
No miró al juez.
Solo buscó a Chloe.
Ana soltó la mano de la niña.