El timbre que cambió todo
Cuando sonó el timbre, Tyler prácticamente corrió hacia la puerta. Diane escuchó voces desde la cocina, risas contenidas y pasos que se acercaban. Instantes después, su hijo apareció en el umbral acompañado de un joven alto y de complexión delgada.
—Mamá, él es Noah —anunció Tyler, con una sonrisa que le iluminaba el rostro.
Diane levantó la mirada, dispuesta a saludar con calidez. Sin embargo, en cuanto sus ojos se encontraron con los del muchacho, algo dentro de ella se detuvo por completo. Fue una sensación extraña, como si el tiempo se hubiera congelado en medio de la cocina.
Los rasgos que reconoció al instante
Los ojos de Noah eran de un color muy particular: gris azulado. No era un tono común, y Diane lo reconoció de inmediato. Eran idénticos a los ojos de su hermano menor, Michael, a quien no había visto desde hacía muchísimos años.