Entré con chaqueta gastada a mi propio banco en Castellana y me dejaron dos horas en un rincón. La asesora servía café a los ricos y se reía con el director mientras yo sujetaba un vaso vacío. Me soltó: ‘Esta zona es para clientes private’. No discutí, dejé mi carpeta y volví al día siguiente sin bastón; entonces su pantalla se puso roja y reveló quién era el dueño.

Por primera vez, David no vio una operación de 15.000 euros.

Vio 6 nóminas.

Vio familias.

Vio tiempo.Organiza Tu Agenda

Trabajó el expediente durante 4 días y consiguió que el crédito fuera aprobado con una garantía proporcionada. Javier no supo nunca quién había sido David antes ni por qué aquel hombre de traje sencillo se quedó hasta las 20:30 revisando papeles con él.

3 meses después, Arturo pidió el informe de seguimiento.

No preguntó cuántos créditos había colocado David.

Preguntó cuántas reclamaciones había recibido.

La respuesta fue 0.

Al sexto mes, Arturo acudió sin avisar a una pequeña oficina colaboradora en Usera. Volvió a ponerse una chaqueta antigua y unos zapatos sin brillo. Entró y encontró a David hablando con un repartidor autónomo que necesitaba revisar una cuota.

David levantó la vista.

Reconoció a Arturo de inmediato.

Durante 2 segundos ninguno dijo nada.

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