Entonces Javier colocó sobre la mesa una carpeta de cartón.
David se quedó mirándola.
Era casi idéntica a la de Arturo.
Dentro había 11 años de facturas pagadas, declaraciones trimestrales, fotografías del taller y una lista de 6 trabajadores. Javier explicó que si no reemplazaba la máquina tendría que reducir turnos y posiblemente despedir a 2 empleados.
Por primera vez, David no vio una operación de 15.000 euros.
Vio 6 nóminas.
Vio familias.
Vio tiempo.Organiza Tu Agenda
Trabajó el expediente durante 4 días y consiguió que el crédito fuera aprobado con una garantía proporcionada. Javier no supo nunca quién había sido David antes ni por qué aquel hombre de traje sencillo se quedó hasta las 20:30 revisando papeles con él.
3 meses después, Arturo pidió el informe de seguimiento.
No preguntó cuántos créditos había colocado David.
Preguntó cuántas reclamaciones había recibido.
La respuesta fue 0.
Al sexto mes, Arturo acudió sin avisar a una pequeña oficina colaboradora en Usera. Volvió a ponerse una chaqueta antigua y unos zapatos sin brillo. Entró y encontró a David hablando con un repartidor autónomo que necesitaba revisar una cuota.
David levantó la vista.
Reconoció a Arturo de inmediato.
Durante 2 segundos ninguno dijo nada.
Arturo pensó que David se pondría de pie, que intentaría agradarle o que llamaría a un supervisor.
David hizo algo distinto.
Señaló una silla.Sofás y sillones
—En cuanto termine con este señor, le atiendo. Si su gestión es urgente, mi compañera puede empezar a revisarla ahora.
Arturo miró al repartidor.
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David continuó escuchándolo sin apresurarlo.
Cuando terminó, el hombre guardó sus papeles y se marchó.