No había sido un error médico.
Alguien había intentado mantenerla inconsciente el tiempo suficiente para declararla muerta, encerrarla en un ataúd y destruir cualquier evidencia mediante la cremación.
La policía separó a Julián, Teresa y Claudia, la nueva pareja de mi exmarido.
Sus versiones no coincidían.
Julián dijo que todo se debía a una confusión de la funeraria.
Teresa aseguró que las correas eran normales durante el traslado.
Claudia juró que nunca había visto a Sofía amarrada.
Después encontraron el parche medicinal pegado bajo su vestido.
El número de lote llevó a los investigadores hasta una clínica privada.
El médico que había firmado el certificado de defunción era Ricardo Márquez.
Hermano de Claudia.
Nunca había examinado a Sofía.
Había firmado el documento desde su casa.
Mientras yo esperaba fuera de terapia intensiva, un comandante de investigación se sentó junto a mí.