No pude.
Sus muñecas estaban sujetas a la base con cinchos de plástico.
También tenía correas alrededor de los tobillos.
—¿Quién hizo esto?
Sofía comenzó a llorar sin fuerzas.
—Papá dijo que tenía que dormir.
Vi entonces 4 pequeños puntos rojos en su brazo izquierdo.
Marcas de agujas.
Yo era médica.
Sabía perfectamente lo que estaba viendo.
Y también comprendí otra cosa.
Mi hija no había despertado por accidente unos minutos antes.
Probablemente llevaba horas entrando y saliendo de un estado de sedación profunda.
Busqué desesperadamente algo con qué cortar los cinchos y encontré una pequeña llave pegada debajo del acolchado.
Abrí las correas.
La levanté.
Pesaba mucho menos de lo que recordaba.
3 años antes, Julián había conseguido la custodia casi total argumentando que mi trabajo como médica militar me obligaba a ausentarme demasiado.