Se burlaron de su camisa y rompieron su currículum… minutos después, el director general se inclinó ante ella

—¿Eso es un maletín o la bolsa del mercado?

Un hombre alto, con traje de rayas, soltó una carcajada.

Se llamaba Álvaro Robles. Tenía treinta y cinco años, hablaba con una seguridad exagerada y llevaba semanas diciendo que el puesto ya era suyo.

Sacó una moneda del bolsillo y la dejó caer delante de Elena.

—Para que te compres un café mientras esperas.

Las risas volvieron a escucharse.

Elena miró la moneda en el suelo.

—Creo que se te ha caído —dijo.

—Quédatela —respondió Álvaro—. Parece que la necesitas más que yo.

Otro candidato levantó el teléfono y tomó una fotografía.

—No puede ser —murmuró—. Una aspirante a vicepresidenta con bolsa de tela.

Lorena se acercó a la cámara.

—Ponle un título: “Cuando te confundes de edificio”.

El joven de recursos humanos encargado de organizar las entrevistas estaba a pocos metros. Se llamaba Marcos Vidal.

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