Tomás abrió la puerta.
—Marcos, llama a seguridad.
—¿Seguridad? —preguntó Elena.
Beatriz señaló su bolsa.
—Queremos comprobar que no se lleva nada.
—He entrado con esa bolsa delante de una cámara.
—Las cámaras no siempre lo ven todo.
Un vigilante llamado Víctor apareció en la puerta. Era un hombre ancho de hombros, con el uniforme demasiado ajustado y una expresión de fastidio.
—Abra la bolsa.
Elena lo miró.
—¿Por qué?
—Orden de la dirección.
—¿Tienen alguna razón para pensar que he tomado algo?
Ricardo se burló.
—La gente honrada no hace tantas preguntas.
Elena abrió la bolsa.
Sacó el cuaderno, el bolígrafo, el libro y la tableta.
No había nada más.
Víctor revolvió el interior con una mano.
—Podría haber escondido algo.
—La bolsa está vacía.
—He dicho que podría.
Álvaro tomó una fotografía con el teléfono.