Se burlaron de su camisa y rompieron su currículum… minutos después, el director general se inclinó ante ella

—Eso está bastante claro.

—No. Lo que está claro es que no les interesa saberlo.

Ricardo agarró las hojas de la prueba.

—¿Quiere conocer nuestra opinión profesional?

Rompió el examen por la mitad.

Después volvió a romperlo y dejó caer los pedazos sobre la mesa.

—Esto es lo que pensamos de sus capacidades.

Elena observó los papeles.

Tomás abrió la puerta.

—Marcos, llama a seguridad.

—¿Seguridad? —preguntó Elena.

Beatriz señaló su bolsa.

—Queremos comprobar que no se lleva nada.

—He entrado con esa bolsa delante de una cámara.

—Las cámaras no siempre lo ven todo.

Un vigilante llamado Víctor apareció en la puerta. Era un hombre ancho de hombros, con el uniforme demasiado ajustado y una expresión de fastidio.

—Abra la bolsa.

Elena lo miró.

—¿Por qué?

—Orden de la dirección.

—¿Tienen alguna razón para pensar que he tomado algo?

Ricardo se burló.

—La gente honrada no hace tantas preguntas.

Elena abrió la bolsa.

Sacó el cuaderno, el bolígrafo, el libro y la tableta.

No había nada más.

Víctor revolvió el interior con una mano.

—Podría haber escondido algo.

—La bolsa está vacía.

—He dicho que podría.

Álvaro tomó una fotografía con el teléfono.

El destello iluminó el rostro de Elena.

—Una para el recuerdo —dijo.

—Borre esa foto —respondió ella.

—¿O qué?

—Está participando en una humillación pública durante un proceso de selección.

—Nadie va a creerle.

Beatriz señaló el pasillo.

—Fuera.

Elena guardó sus cosas lentamente.

Al salir, encontró a los demás candidatos formando dos filas. Todos habían escuchado la discusión a través de la pared de cristal.

Lorena levantó el teléfono para grabarla.

—Aquí viene la futura vicepresidenta.

—¿Ya te han dado el despacho? —preguntó otro.

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