Dos días después, llegó su carta.
Hubo una frase que se quedó conmigo:
«Tenía miedo cuando tenía dieciocho años, pero tener miedo no explica diez años.»
No pidió perdón.
No culpó a nadie.
Simplemente le contó a Lucas la verdad.
Antes de darle la carta, me reuní con Trudy una última vez.
—¿Teagan tenía miedo?
—Sí.
—¿Estaba sola?
—No. Había gente con ella.
—¿Preguntó por mí?
—Sí.
Sentí que se me cerraba la garganta.
—¿Pensó que la había abandonado?
—No. Sabía que estabas esperando.
Entonces Trudy sonrió con tristeza.
—Le preocupaba no haber comprado suficientes pañales.
Me reí entre lágrimas.
—Eso suena exactamente a ella.
—Ella no estaba enfadada contigo —dijo Trudy—. Sabía que la querías.
Aquello fue lo primero que Trudy me dio que no se sintió como otra herida.
Esa noche, Lucas me preguntó directamente.
—Ese es mi papá, ¿verdad?
—Sí.
—¿Sabía de mí?
—Sí.