Trece francotiradores fallaron el tiro imposible, pero una capitana olvidada pidió una bala y silenció a todos

Elena lo miró apenas un segundo antes de cerrar el estuche.

A las seis en punto ya cruzaba el patio de formación rumbo a la oficina de logística. Su trabajo consistía en controlar munición, repuestos, equipos de protección, fechas de revisión y cientos de detalles que nadie valoraba hasta que algo faltaba.

No era un puesto vistoso.

Pero un error allí podía costar una misión.

Un grupo de soldados jóvenes pasó corriendo cerca de ella. Iban riendo, empujándose con el hombro y presumiendo de sus prácticas en el polígono.

Uno silbó.

—¡Capitana, no se olvide del café para los héroes!

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