Trece francotiradores fallaron el tiro imposible, pero una capitana olvidada pidió una bala y silenció a todos

Elena tampoco dijo nada.

No necesitaba hacerlo.

Su trabajo perfecto fue una respuesta más dura que cualquier grito.

A media mañana, quince oficiales ocuparon la sala de reuniones. En la pantalla aparecieron fotografías de tiradores con medallas, campeonatos ganados y años de experiencia en misiones de alto riesgo.

El mayor Salgado señaló el título de la presentación.

PROGRAMA FANTASMA: PRUEBA EXTREMA DE CUATRO MIL METROS.

—Buscamos a los mejores para una nueva unidad de formación —dijo—. Una sola oportunidad. Un solo impacto. Quien toque el centro del blanco entrará en el programa.

Los nombres fueron apareciendo uno por uno.

El de Elena nunca salió.

—Capitana Vargas —añadió Salgado sin mirarla—, esta selección es para personal de combate. Logística no participa.

Elena asintió una sola vez.

—Entendido, mi mayor.

No protestó.

No pidió explicaciones.

Solo apretó los dedos debajo de la mesa durante medio segundo.

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