Se burlaron de ella por irse a Ciudad de México con solo 2,800 pesos — años después, el primo que más se rio terminó suplicándole ayuda.

—Pensaba resolverlo después de conseguir empleo.

—Eso no es valentía. Es mala planeación.

—Gracias por la bienvenida.

Mateo me ayudó a encontrar una habitación compartida en Narvarte.

Después de depósito y renta me quedaron 740 pesos.

Así que dejé de buscar el trabajo perfecto y empecé a buscar cualquier trabajo.

Terminé en una cafetería.

Mi primer día derramé leche sobre una mesa.

Confundí 2 pedidos.

Quemé pan.

Pero volví al día siguiente.

Y al siguiente.

Por las noches estudiaba Excel con una laptop usada que compré con mi primer sueldo.

Mateo me enseñaba fórmulas.

Yo practicaba hasta quedarme dormida.

—Vale, son las 2:00 de la mañana.

—Me falta terminar.

—Mañana trabajas a las 7.

—Precisamente.

Él cerró mi laptop.

—Tienes un problema.

—¿Cuál?

—Crees que descansar significa perder.

—Crees que hablar bonito te hace tener razón.

—A veces sí.

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