—Pensaba resolverlo después de conseguir empleo.
—Eso no es valentía. Es mala planeación.
—Gracias por la bienvenida.
Mateo me ayudó a encontrar una habitación compartida en Narvarte.
Después de depósito y renta me quedaron 740 pesos.
Así que dejé de buscar el trabajo perfecto y empecé a buscar cualquier trabajo.
Terminé en una cafetería.
Mi primer día derramé leche sobre una mesa.
Confundí 2 pedidos.
Quemé pan.
Pero volví al día siguiente.
Y al siguiente.
Por las noches estudiaba Excel con una laptop usada que compré con mi primer sueldo.
Mateo me enseñaba fórmulas.
Yo practicaba hasta quedarme dormida.
—Vale, son las 2:00 de la mañana.
—Me falta terminar.
—Mañana trabajas a las 7.
—Precisamente.
Él cerró mi laptop.
—Tienes un problema.
—¿Cuál?
—Crees que descansar significa perder.
—Crees que hablar bonito te hace tener razón.
—A veces sí.