Mi primo Esteban se rio cuando me vio subir mi equipaje al autobús.
—¿Ciudad de México?
—Sí.
—¿Sin trabajo?
—Voy a encontrar uno.
Miró a sus amigos.
—Escuchen eso. Va a llegar a Reforma con un currículum y van a entregarle una oficina.
Todos rieron.
Mi papá apretó la mandíbula.
—Ya estuvo, Esteban.
Pero él siguió.
—Tío, alguien tiene que decirle la verdad. Hay miles de personas con título allá. Algunas hablan inglés, tienen experiencia y contactos. Vale no conoce a nadie.
Mi mamá me tomó de la mano.
—No tienes que irte si no estás segura.
Yo sí tenía miedo.
Solo que no quería dejar que Esteban lo viera.
—Voy a ir.
Él sonrió.
—Te doy 1 semana.
Lo miré.
—Entonces empieza a contar.
Subí al autobús a las 6:20 de la mañana.
Durante el camino me repetí que iba a demostrarles que estaban equivocados.