Se burlaron de ella por irse a Ciudad de México con solo 2,800 pesos — años después, el primo que más se rio terminó suplicándole ayuda.

Nunca mi contraseña completa.

Pero 2 semanas antes Salvador me había pedido que le mostrara un procedimiento.

Había estado junto a mí.

Observando.

Esperando.

—No lo sé —dije.

Ana se levantó.

—Voy a llamar a auditoría.

Antes de que pudiera salir, mi teléfono vibró.

Esteban.

No contesté.

Volvió a llamar.

Después llegó un mensaje.

“Necesito verte antes de que hagas algo estúpido.”

Se lo mostré a Ana.

Ella cerró la puerta.

—Llámalo.

—¿Ahora?

—Pon el altavoz.

Respiré y marqué.

Esteban respondió inmediatamente.

—¿Dónde estás?

—En la oficina.

—Sal de ahí.

—¿Por qué?

Silencio.

—Porque esto se está saliendo de control.

Ana me observó.

—¿Qué cosa?

—Valeria, no hagas preguntas por teléfono.

—¿Tú sabías del correo?

Otro silencio.

—Solo queríamos que el proceso fuera más fácil.

Sentí que el pecho me ardía.

—¿Queríamos?

—No fue idea mía.

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