Esta vez no era un error.
Alguien estaba construyendo una historia alrededor de mí.
Y sabía exactamente qué piezas necesitaba.
El correo.
Mi relación familiar con Esteban.
Mi acceso a la evaluación.
Si Altamira obtenía el contrato, parecería que yo los había favorecido.
Si alguien descubría las irregularidades después, yo sería la explicación perfecta.
La prima.
La coordinadora.
La persona que había autorizado el cambio.
—Quiero revisar los accesos —dije.
Salvador negó.
—Eso le corresponde a sistemas.
—Correcto.
Miré a Ana.
—Pero también quiero que revisen las cámaras del piso y las entradas a mi computadora.
Salvador frunció el ceño.
—¿Cámaras?
—Ayer dejé mi equipo bloqueado cuando fui a una reunión con Recursos Humanos.
Ana tomó nota.
—Lo pediré.
Salvador se levantó.
—Esto se está convirtiendo en una cacería.
—Nadie te pidió que te quedaras —respondió Ana.