Se burlaron de ella por irse a Ciudad de México con solo 2,800 pesos — años después, el primo que más se rio terminó suplicándole ayuda.

—Pequeño mundo.

Durante la presentación habló como si nunca se hubiera burlado de mí.

Como si siempre hubiera sabido que yo llegaría hasta allí.

Aquella noche me llamó.

—Podemos ayudarnos.

—¿Cómo?

—Tú sabes qué números necesita ver tu empresa.

—No.

—Ni siquiera sabes qué iba a pedirte.

—Sí sé.

Silencio.

Después rio.

—No seas dramática.

—Si su propuesta es buena, ganarán el contrato.

—Valeria, somos familia.

—Precisamente por eso deberías saber que no voy a arriesgar mi trabajo.

Su tono cambió.

—Te estás creyendo mucho.

Recordé la terminal de autobuses.

Sus amigos riendo.

Te doy 1 semana.

—Buenas noches, Esteban.

Colgué.

2 días después Salvador me pidió revisar personalmente la propuesta de Altamira.

—Ana quiere tu opinión.

—Puedo revisarla.

—Perfecto.

Encontré 3 tarifas infladas.

Un costo de almacenamiento duplicado.

Y algo peor.

Una empresa subcontratada que no aparecía en ningún registro operativo.

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