Asunto:
URGENTE.
Había sido enviado desde mi cuenta corporativa a las 10:47 de la noche.
El mensaje autorizaba una modificación en la propuesta de Altamira.
Yo estaba en el metro a esa hora.
Y nunca había escrito ese correo.
Parte 3
Llegué a la oficina a las 6:35 de la mañana.
Ana ya estaba allí.
También Salvador.
Sobre la mesa había copias impresas del correo.
—Valeria —dijo Ana—, necesito que me expliques esto.
—No lo envié.
Salvador se inclinó hacia atrás.
—Salió de tu cuenta.
—Lo sé.
—Y autoriza modificar la evaluación de Altamira.
—También lo sé.
—Entonces tenemos un problema.
Lo miré.
—Sí.
—¿Cuál?
—Que alguien entró a mi cuenta.
Soltó una sonrisa casi imperceptible.
—Eso es una acusación seria.
—No he acusado a nadie.
Ana levantó una mano.
—Seguridad informática ya está revisando el acceso.
Salvador dejó de sonreír.
Sentí algo en el estómago.
Algo que no había sentido durante el caso de los 900,000 pesos.
Esta vez no era un error.
Alguien estaba construyendo una historia alrededor de mí.
Y sabía exactamente qué piezas necesitaba.
El correo.
Mi relación familiar con Esteban.
Mi acceso a la evaluación.
Si Altamira obtenía el contrato, parecería que yo los había favorecido.
Si alguien descubría las irregularidades después, yo sería la explicación perfecta.
La prima.
La coordinadora.
La persona que había autorizado el cambio.
—Quiero revisar los accesos —dije.
Salvador negó.
—Eso le corresponde a sistemas.
—Correcto.
Miré a Ana.
—Pero también quiero que revisen las cámaras del piso y las entradas a mi computadora.
Salvador frunció el ceño.
—¿Cámaras?
—Ayer dejé mi equipo bloqueado cuando fui a una reunión con Recursos Humanos.
Ana tomó nota.