Me equivoqué.
Durante los siguientes meses Salvador fue impecablemente amable conmigo.
Demasiado.
—Excelente trabajo, Valeria.
—Gracias.
—Vas aprendiendo rápido.
—Eso intento.
Pero había momentos en que lo sorprendía observándome desde el otro extremo de la oficina.
No era una mirada de respeto.
Era de cálculo.
6 meses después me ascendieron a coordinadora administrativa.
El mismo día que Ana anunció mi ascenso, recibí un mensaje de Esteban.
“Prima, felicidades. Necesitamos hablar de negocios.”
No le di importancia.
Hasta que 3 semanas después entré en una reunión de proveedores y lo vi sentado al otro lado de la mesa.
Traje gris.
Reloj caro.
Una sonrisa que conocía demasiado bien.
—Sorpresa.
—¿Qué haces aquí?
—Trabajo con Distribuciones Altamira.
Sentí una incomodidad inmediata.
Altamira estaba compitiendo por uno de nuestros contratos más grandes.
Más de 14 millones de pesos anuales.
Esteban extendió la mano delante de Ana.