Ni Mateo.
Ni derrotar a Salvador.
Ni descubrir la verdad sobre Esteban.
Yo ya era suficiente cuando subí a aquel autobús con zapatos baratos, miedo y 2,800 pesos en el bolsillo.
Solo tardé unos años en dejar de pedirle al mundo permiso para creerlo.
Ni Mateo.
Ni derrotar a Salvador.
Ni descubrir la verdad sobre Esteban.
Yo ya era suficiente cuando subí a aquel autobús con zapatos baratos, miedo y 2,800 pesos en el bolsillo.
Solo tardé unos años en dejar de pedirle al mundo permiso para creerlo.