El juez le pidió elegir entre su mamá sin dinero y su papá millonario, pero el niño levantó un celular viejo y dejó al juzgado sin respirar

Metió la mano en el bolsillo de su suéter rosa y sacó una pulserita de cuentas rojas.

—Mi papá la tiró —dijo llorando—. Dijo que era basura de gente corriente.

Marisol se quedó helada.

Era la pulsera que su madre le había dado antes de morir.

La había buscado durante meses.

Sofía la sostuvo como un tesoro.

—Mateo la sacó del bote antes de que se la llevara el señor de la basura.

Marisol se quebró.

Ricardo no solo quería quitarle a sus hijos.

Quería borrar su historia.

Su raíz.

Su dignidad.

Todo lo que no oliera a dinero.

El juez cerró la libreta lentamente.

—Señor Armenta, a partir de este momento se ordenan medidas de protección inmediatas para la señora Rivas y los menores.

Ricardo palideció.

—Su Señoría, no puede destruir mi reputación por un pleito familiar.

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