Mateo respiró fuerte detrás de la puerta.
Marisol intentó soltarse.
Ricardo la empujó contra la barra.
El sonido del golpe fue seco.
Nadie en el juzgado se movió.
Hasta la abogada de Ricardo perdió el color.
En el video, Marisol se quedó unos segundos sin aire. Luego se levantó despacio, fingiendo calma para que sus hijos no se asustaran más.
Ricardo se acercó a ella y le habló casi al oído.
—Mañana dices una palabra de esto y te juro que hago que parezcas loca. Tengo médicos, tengo abogados, tengo amigos. Tú no tienes nada.
El juez ordenó detener el video.
Mateo lloraba en silencio.
Marisol no sabía si abrazarlo o pedirle perdón de rodillas.
Su hijo había grabado eso escondido.
Con miedo.
Con 9 años.
Mientras ella creía que lo estaba protegiendo, él también la estaba protegiendo a ella.