Levanté la mano, temblando.
—Esa marca… ¿por qué la tienes?
Celia cerró los ojos y dio un paso atrás.
El ambiente se volvió denso. La habitación dejó de sentirse como una suite y comenzó a sentirse como una trampa.
—Porque ya no puedo permanecer en silencio —susurró.
Y cuando abrió la boca para decir la verdad, comprendí que no podía creer lo que estaba a punto de suceder…
PARTE 2
No me senté. No pude.
Celia lo hizo. Se dejó caer en el borde de la cama como si los años la hubieran abrumado de repente.
—Hace veinte años —dijo finalmente— tuve un hijo.
Primero sentí extrañeza. Luego ira. Después, una especie de miedo que me oprimía el pecho.
—¿Y qué tiene eso que ver conmigo?
Ella me miró directamente.
-Todo.