La habitación se volvió helada de repente cuando Daniela comprendió la gravedad de la situación. Minutos antes, era una estudiante universitaria común y corriente, preocupada por un examen de pedagogía que había perdido. Ahora, se encontraba en la pequeña sala de estar de su casa, sosteniendo la prueba de un crimen millonario y una traición insidiosa. Su madre, Mariana, se dirigía en coche hacia ese mismo edificio junto a Óscar, el marido que la había abandonado hacía tres años y que ahora le estaba tendiendo una trampa para incriminarla por el robo masivo del centro comercial Plaza Altavista.
Daniela sabía que le quedaban menos de veinte minutos antes de que se abrieran las puertas del ascensor en su piso. Su mente repasaba rápidamente los detalles que había descubierto. Su tía Leticia se había colado en el apartamento con una llave de repuesto, creyendo que la casa estaba completamente vacía. Leticia había escondido cuidadosamente una pulsera de oro y esmeraldas —con un valor de casi novecientos mil pesos— dentro del bolso negro de Mariana. Formaba parte de un botín de cuatro millones de pesos robado de la joyería de lujo del centro comercial donde Mariana trabajaba como administradora. Con los turnos nocturnos de Mariana y su acceso a zonas de servicio restringidas, la evidencia parecería irrefutable para cualquier agente que acudiera al lugar.
La llamada telefónica que Daniela había grabado en secreto demostraba que Leticia trabajaba directamente con Óscar. Planeaban dar un aviso anónimo a las autoridades a las siete en punto, asegurándose así de que Mariana fuera sorprendida con las manos en la masa con la mercancía robada en su poder.
Tras respirar hondo para tranquilizarse, Daniela se dio cuenta de que no podía permitirse el lujo de entrar en pánico. El reloj de la pared marcaba las 3:38 ⏰. Si simplemente sacaba la pulsera del bolso, Óscar y Leticia podrían darse cuenta del fracaso de su plan y destruir las pruebas restantes, dejando a su madre permanentemente expuesta a las sospechas. Necesitaba desenmascarar toda la operación sin poner a su madre en peligro físico.