Sus manos comenzaron a temblar incontrolablemente, reflejando el miedo que Daniela había sentido horas antes.
Mariana se quedó paralizada, mirando alternativamente el reloj inservible en manos de su exmarido, la evidente angustia en su rostro y la serena determinación de su hija. La realidad la golpeó como un puñetazo. El hombre con el que había formado una familia durante años había orquestado un cruel plan para incriminarla por un crimen devastador.
—¿Por qué? —susurró Mariana, con la voz quebrada por una profunda tristeza—. ¿Por qué nos hiciste esto, Óscar?
Óscar retrocedió hacia la puerta principal, completamente destrozado. —No lo entiendes… la deuda… iban a venir a por mí…
—La policía ya viene —interrumpió Daniela con frialdad, mostrándole la pantalla de su teléfono, donde se veía una línea activa a los servicios de emergencia que había marcado en el momento en que él agarró la bolsa—. Les di la dirección hace cinco minutos, cuando estabas en el pasillo.
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