Le Dio Un Riñón A Su Esposo Y Él Volvió A Una Casa Que Ya No Existe-dynana

Una pared estaba manchada de humo.

El garaje seguía ahí, pero ya no parecía la entrada de la propiedad que Víctor había usado como moneda para comprar tiempo con Rita.

— ¿Qué pasó? —preguntó ella.

Víctor no respondió.

Bajó con dificultad.

Cada paso le recordaba que apenas estaba saliendo de un trasplante, pero siguió avanzando hasta que Teresa lo vio desde su casa.

La mujer cruzó la calle.

—Don Víctor.

—¿Dónde está Ana?

Ni siquiera preguntó primero por el incendio.

Teresa lo notó.

—No sé dónde está viviendo.

—Ella estaba aquí cuando empezó esto?

Teresa tardó apenas un segundo en comprender la acusación escondida en la pregunta.

—Ana salió antes.

Víctor levantó la vista.

—¿Está segura?

—La vi con su maleta.

Teresa señaló hacia la avenida.

—Estuvo esperando el autobús del otro lado. Después vimos el resplandor y empezamos a gritar.

Rita se acercó unos pasos.

—Entonces, ¿se quedó sola?

Teresa la miró sin saber quién era.

—Yo sólo le estoy diciendo lo que vi.

Eso bastó para destruir la primera explicación de que Víctor había comenzado a construir en su cabeza.

Si Ana había provocado el incendio, Teresa acababa de colocarla fuera de la propiedad antes de que las llamas fueran visibles.

Aún así, Víctor necesitaba culpables.

Necesitaba que alguien hubiera hecho aquello contra él, porque aceptar que su vida se había desordenado sin pedirle permiso era mucho más difícil.

—Ella sabía algo —murmuró.

Rita lo escuchó.

—¿Qué quieres decir?

—Se llevaron sus cosas antes.

Teresa intervino.

—Se llevó una maleta.

—Exactamente.

—Una maleta, don Víctor. Sus muebles seguían adentro.

Víctor guardó silencio.

Teresa había visto salir a Ana cargando fotografías, papeles y objetos personales, pero también había visto las habitaciones todavía llenas.

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