La grabación de la jefa de cabina ya estaba circulando por internet.
Alguien había registrado el momento en que me arrastraban por la terminal.
Otra persona había grabado cuando rompían mi maleta.
Y un tercer video mostraba claramente el tacón de la azafata aplastando las ampollas.
El título decía:
“Pasajera pierde el control después de ser expulsada de vuelo sobrevendido.”
La publicación original intentaba ridiculizarme.
Pero internet estaba empezando a fijarse en algunos detalles.
Una persona había ampliado las imágenes de las ampollas.
Otra había identificado el logotipo del laboratorio.
Después alguien escribió:
“¿Por qué una mujer supuestamente pobre lleva material farmacéutico experimental con registro hospitalario?”
A las 6:41 apareció un comentario que lo cambió todo.
Un médico residente de Boston escribió:
“Un momento. ¿Esa no es la doctora Amelia Hart?”
La publicación explotó.
Otros médicos comenzaron a comentar.
“Sí. Es ella.”
“La vi en un simposio cerrado hace tres años.”
“No puedo creerlo.”
“¿La aerolínea expulsó a Amelia Hart?”
Después apareció el apodo.
LA CIRUJANA FANTASMA.
Claire miró a Marcus.
—Dime que tú no la llamaste para amenazarla.
Marcus guardó silencio.
Claire perdió el color.
—Dios mío.
—Claire…
—¡Dime que no lo hiciste!
—Estaba molesto.
—¡Ella era la única persona dispuesta a operar a Ethan!
Marcus apretó la mandíbula.
—Podremos encontrar otro especialista.
El doctor Brooks, que acababa de entrar, escuchó esa frase.
—No.
Todos se volvieron.
Brooks caminó hasta ellos.
—No podrán.
—Doctor…—He consultado con Mayo, Cleveland, Johns Hopkins, Zurich y Londres. Todos conocen el caso. Todos lo rechazaron.
Miró a Marcus directamente.
—La doctora Hart no era nuestra primera opción.
Hizo una pausa.
—Era nuestra última opción.
A las siete de la noche mi teléfono personal tenía ciento cuarenta y nueve llamadas perdidas.