A los 6 años le prometí a mi mejor amigo con síndrome de Down que iríamos juntos al baile

Sacó una fotografía que yo nunca había visto.

Y cuando la puso sobre la mesa entendí que la bicicleta aplastada probablemente era el menor de los problemas de nuestro vecino.

Porque en esa imagen aparecía su camioneta…

y algo que podía demostrar que Rogelio llevaba semanas mintiéndonos a todos.

Pero antes de que pudiera preguntarle qué significaba, alguien volvió a tocar la puerta.

Esta vez era el administrador del fraccionamiento.

Y no venía solo.

El administrador del fraccionamiento entró acompañado por una mujer que yo reconocí de inmediato.

Era la señora Patricia, presidenta del comité vecinal.

Rogelio dejó de gritar.

Y eso fue lo primero que me preocupó.

Porque cinco segundos antes estaba rojo de coraje, señalando a Mateo y exigiendo que le entregáramos la carpeta. Pero en cuanto vio a Patricia, bajó la mano.

—Buenas tardes, Arturo —dijo ella, mirándome—. Necesitamos hablar sobre la camioneta del señor Rogelio.

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