11 meses antes había sufrido un pequeño accidente automovilístico.
Pasó 4 días en observación.
Cuando regresó, preparé sopa.
Tenía cilantro.
Se terminó el plato completo.
Al día siguiente volvió a odiarlo.
También me preguntó dónde guardábamos las bolsas de basura.
Y de qué lado de la cama dormía yo.
Pensé que eran efectos del golpe.
Ahora comprendía que durante algunos días no había vivido con Sebastián.
Había vivido con Nicolás.
Pero entonces recordé algo que ninguno de ellos podía imitar.
Cuando Sebastián tenía 19 años se fracturó el tobillo derecho andando en bicicleta.
Los médicos colocaron 2 tornillos de titanio.
Marqué al detective.
—Revise el tobillo derecho del cadáver.
30 minutos después llamó.
—No hay ningún tornillo.
Me senté.
La verdad apareció completa.