Luego apareció otra fotografía.
El mismo hombre había comprado líquido para frenos unas horas antes del accidente.
Robles cruzó los brazos.
—Señor Salgado, necesito preguntarle algo.
Sebastián apretó el vaso de café.
—¿Tiene un hermano gemelo?
El vaso se deformó entre sus dedos.
Yo lo miré.
—¿Qué hermano?
Tardó varios segundos.
—Nicolás.
Habíamos estado casados 9 años.
Nunca había escuchado ese nombre.
Saqué el teléfono escondido y lo lancé sobre la mesa.
—Tu hermano entró 47 veces a nuestra casa.
El detective reprodujo el video.
Sebastián palideció.
Robles lo miró fijamente.
—¿Por qué su hermano fingía ser usted?
El hombre sentado a mi lado soltó una risa extraña.
Después levantó la mirada.
—Porque yo no soy Sebastián.
Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.
—Mi nombre es Nicolás.
Lo abofeteé.