Luego apareció otra fotografía.
El mismo hombre había comprado líquido para frenos unas horas antes del accidente.
Robles cruzó los brazos.
—Señor Salgado, necesito preguntarle algo.
Sebastián apretó el vaso de café.
—¿Tiene un hermano gemelo?
El vaso se deformó entre sus dedos.
Yo lo miré.
—¿Qué hermano?
Tardó varios segundos.
—Nicolás.
Habíamos estado casados 9 años.
Nunca había escuchado ese nombre.
Saqué el teléfono escondido y lo lancé sobre la mesa.
—Tu hermano entró 47 veces a nuestra casa.
El detective reprodujo el video.
Sebastián palideció.
Robles lo miró fijamente.
—¿Por qué su hermano fingía ser usted?
El hombre sentado a mi lado soltó una risa extraña.
Después levantó la mirada.
—Porque yo no soy Sebastián.
Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.
—Mi nombre es Nicolás.
Lo abofeteé.
—¿Dormiste conmigo anoche?
—Sí.
—¿Y las otras veces?
No respondió.
Horas después descubrí para qué servía aquella locura.
Sebastián dirigía un fondo de inversión.
Habían desaparecido más de 560 millones de pesos.
Cuando necesitaba estar en 2 lugares al mismo tiempo, Nicolás ocupaba su lugar.
En reuniones.
En restaurantes.
Y en nuestra casa.
Yo había sido su coartada perfecta.
Pero todavía faltaba responder una pregunta.
¿Quién había muerto en la carretera?
Parte 3
Esa noche no pude dormir.
Extendí fotografías y documentos sobre la mesa.
Había pasado 9 años creyendo conocer a Sebastián.
Ahora tenía que recordar cada gesto para descubrir cuál de los 2 hombres había compartido realmente mi vida.
Entonces recordé el cilantro.
Sebastián lo odiaba.
No era una simple preferencia.
Lo sacaba de cualquier platillo con la punta del tenedor.