Sacó una hoja doblada del bolsillo y la puso sobre el escritorio.
Era su renuncia al proyecto.
—No estoy tirando mi carrera. Estoy dejando de usarla como excusa.
Salgado se quitó los lentes.
—Sin mi respaldo no tendrás la subespecialidad que esperabas. Tampoco te recomendaré en Ciudad de México.
—Lo sé.
—Terminarás en hospitales donde falta hasta material.
Gabriel recordó a Mariana contando gasas después de doce horas de turno.
—Quizá ahí aprenda algo que aquí nunca aprendí.
—Te arrepentirás.
—Puede ser. Pero prefiero perder una plaza que seguir sabiendo que abandoné a mi hija para conservarla.
Una semana después aceptó una plaza de cirugía general en Los Altos de Jalisco. El sueldo era menor y el equipo más viejo. Algunos días debía recorrer varios municipios para atender casos que antes mandaban directamente a Guadalajara.
Mariana se enteró por Teresa, no por él.