—Quiero que formes parte del consejo asesor.
Marta soltó una risa nerviosa.
—Yo soy cuidadora.
—Ayer sabías qué hacía feliz a 27 niños. Yo dirijo una empresa con miles de empleados y no sabía que mi hija tenía miedo a las tormentas.
Marta guardó silencio unos segundos.
—Lucía no necesita una fundación para ser feliz.
—Lo sé.
—Lo necesita a usted.
Alejandro no intentó defenderse.
—También lo sé.
Ese mismo día bloqueó 3 tardes por semana en su agenda.
No se convirtió mágicamente en un padre perfecto. Alguna vez llegó tarde. Contestó llamadas durante la cena. Canceló 1 excursión por una crisis de trabajo y Lucía estuvo enfadada durante 2 días.
La diferencia fue que dejó de comprar regalos para borrar sus ausencias.
Cuando fallaba, pedía perdón.
Cuando prometía una cena, la protegía como la reunión más importante de su empresa.