Todo era nuevo para mí.
Y, sin embargo, Mauricio ya había dejado una huella en aquel lugar.
Revisamos las cámaras.
Primero vimos la grabación del miércoles.
Mauricio llegó a las 9:23 de la mañana acompañado de un hombre con uniforme gris.
En otro video apareció hablando por teléfono.
Subí el volumen.
—Sí, soy el esposo de la propietaria. Ella está trabajando y me pidió que coordinara todo.
Cerré los ojos.
—Exesposo —murmuró Raquel—. Ocho meses divorciado.
Seguimos viendo.
A las 10:07, Mauricio entró solo a la casa.
Permaneció dentro treinta y nueve minutos.
A las 10:46 salió con varias fotografías tomadas desde distintos ángulos.
Después hizo algo que me dejó inmóvil.
Se paró frente a la cámara del jardín y habló con alguien por teléfono.
—Está vacía todavía. Es perfecto.
Raquel detuvo el video.
—¿Perfecto para qué?
Yo no sabía.