Lucía explicó todo.
El viaje.
Los ataques de pánico.
La recaída.
El tratamiento.
Bruno.
La doctora escuchó sin interrumpir.
Después se agachó frente a Mateo.
—Voy a decirte la verdad, ¿de acuerdo?
Mateo asintió.
—Bruno puede estar contigo aquí y en algunas salas familiares. Pero no puede entrar en las habitaciones protegidas. Hay niños que prácticamente no tienen defensas y tenemos que reducir todo lo que pueda llevar microorganismos.
Mateo apretó el arnés.
—Entonces no voy.
Lucía cerró los ojos.
—Mateo…
—Tú dijiste que Bruno se quedaría conmigo.
Su respiración empezó a acelerarse.
Bruno reaccionó antes que todos.
Se apoyó con fuerza contra la pierna del niño y puso una pata sobre su tenis.
La doctora observó.
—¿Está entrenado específicamente para ayudarlo durante las crisis?
Lucía asintió.
—Presión corporal, interrupción de episodios de pánico, despertares nocturnos y algunas otras tareas.