Pero también recordé aquella frase.
“Es tu seguridad.”
Y supe que él habría entendido.
El domingo, poco antes del mediodía, Claudia llamó.
Esta vez estaba furiosa.
—¡Mamá! ¿Qué significa ese letrero?
—Que la casa está en venta.
—¡Quítalo inmediatamente!
—No.
Hubo silencio.
—Esa casa es de la familia.
—No, Claudia. Esa casa es mía.
—¡Papá jamás habría permitido esto!
Respiré profundamente.
—Tu papá jamás habría permitido que me dejaran en una banqueta después de usarme todo el día para cocinarles.
Escuché a Mauricio hablando detrás de ella.
Luego tomó el teléfono.
—Teresa, estás reaccionando con coraje. Vamos a resolverlo como adultos.
—Eso estoy haciendo.
—No necesitas vender. Tienes tu pensión.
—No eres tú quien decide cuánto necesito.
Su tono cambió.
—Podríamos hablar con un abogado. Una decisión así, tomada de repente a tu edad, puede interpretarse como falta de capacidad para administrar tus bienes.