—Pero se va.
—Puede que termine su trabajo aquí. Eso no significa que estés solo.
Mateo apretó los labios.
—Tú también dices que vuelves y a veces no vuelves.
La habitación quedó muda.
Adrián sintió el golpe, pero esta vez no se defendió.
—Tienes razón. Te he prometido cosas que no cumplí. No voy a pedirte que confíes en mí solo porque soy tu padre. Voy a demostrártelo.
Aquella misma noche llamó a la psicóloga infantil que el colegio había recomendado meses atrás y cuya llamada él nunca había devuelto.
La primera sesión fue 4 días después.
No hubo soluciones rápidas. Mateo habló poco. Adrián también. Pero siguieron yendo.
Lucía terminó su contrato el domingo. Adrián le ofreció ampliarlo con mejores condiciones, aunque aclaró que no quería retenerla por la necesidad emocional de Mateo.