Y lo peor era que, de algún modo, ya lo había hecho.
—Mamá, vete a casa —dijo.
Teresa abrió los ojos.
—¿Perdona?
—Ese internado queda descartado.
—Estás reaccionando por una escena sentimental.
—Estoy reaccionando porque mi hijo acaba de preguntarme si pienso enviarlo lejos y no he sabido mirarlo a los ojos.
Teresa señaló a Lucía.
—Desde que ella llegó, todo se ha vuelto más dramático.
Lucía dio un paso atrás.
—Puedo marcharme si mi presencia empeora las cosas.
Mateo negó con la cabeza.
Adrián se adelantó.
—No. Tú no te vas esta noche.
Teresa recogió su bolso con gesto rígido.
—Cuando esto termine mal, recuerda que intenté advertirte.
La puerta se cerró.
Eran las 00:07. Adrián debía estar hablando de una operación empresarial valorada en millones. Su teléfono vibraba sin descanso.
Había 11 mensajes.
Escribió: «Cancelad la reunión. Mañana explicaré el motivo».