Además, Julián declaró explícitamente que había transferido toda su fortuna, que ascendía a varios millones de dólares, todas sus acciones y todos sus bienes inmuebles a un fideicomiso imperecedero y seguro, exclusivamente para su beneficio y el de su hijo por nacer. Concluyó su mensaje afirmando que cualquier impugnación del testamento desencadenaría automáticamente una investigación penal inmediata por parte de las autoridades federales, garantizando así que su madre y su hermana pasarían el resto de sus vidas en prisión.
La iglesia quedó sumida en un silencio sepulcral y asfixiante mientras el vídeo se desvanecía en la oscuridad. Doña Teresa, temblando, se sentó en el suelo con la mano en el pecho, derrotada. Fernanda lloraba amargamente, consciente de que su vida terrenal se había esfumado en un instante. Arturo se adelantó, me devolvió el anillo de bodas y me acompañó ante la familia desolada, demostrando que incluso desde la tumba, el amor y la previsión de un esposo podían frustrar los planes más maquiavélicos.Anunció a viva voz a toda la congregación que poseía la verdad absoluta, afirmando que una prueba de ADN demostraba que el hijo que yo esperaba no era suyo. Murmullos de asombro recorrieron de inmediato los bancos de la iglesia. Empresarios, políticos, amigos de la familia y empleados de empresas que habían venido a dar el pésame se volvieron hacia mí. En cuestión de segundos, sus expresiones pasaron de la compasión a un profundo disgusto, como si mi inmenso dolor no fuera más que una farsa de culpabilidad.