Las investigaciones posteriores revelaron algo aún más grave: las inyecciones que aquel hombre le aplicaba a la anciana no eran ningún medicamento. Eran, precisamente, la causa por la cual su estado de salud se deterioraba tan rápidamente y sin explicación aparente.
Gracias al valor de una enfermera que decidió no mirar hacia otro lado, la vida de la paciente fue salvada y un plan cruel, motivado por la ambición y la manipulación, quedó al descubierto a tiempo.