—Gracias —susurró Blaire.
—No ha sido nada.
Él le tendió la mano.
—Luca.
—Blaire.
No flirteó.
No le hizo preguntas incómodas.
Simplemente la ayudó con el carrito, recogió el juguete de Fiona cuando se cayó y dobló una servilleta formando figuras absurdas hasta conseguir que la niña se echara a reír.
Por primera vez en varios días, Blaire sintió que podía respirar.
El avión iba lleno de turistas, estudiantes, viajeros de negocios y familias.
Al cabo de un rato, Blaire empezó a notar algo extraño.
Varios pasajeros miraban furtivamente a Luca.
Un joven sentado al otro lado del pasillo levantó el teléfono como si estuviera grabando por la ventanilla.
Dos chicas susurraban mientras se giraban una y otra vez para observarlo.
Luca permanecía quieto, pero su mandíbula se tensó.
Entonces se inclinó hacia Blaire.
—¿Puedo pedirte un favor bastante raro?