Blaire no lloró al subir al avión.
Ya había llorado suficiente.
Pero cuando Fiona empezó a ponerse inquieta antes del despegue, Blaire sintió todas las miradas de fastidio a su alrededor.
Una mujer muy arreglada sentada detrás soltó un suspiro exagerado.
—Estupendo. Un bebé llorando durante todo el vuelo.
Blaire bajó la mirada y apretó con más fuerza la bolsa de pañales contra su cuerpo.
Entonces habló el hombre sentado a su lado, con un tono tranquilo pero firme.
—El bebé no eligió este vuelo, señora. Los adultos sí podemos elegir tener paciencia.
No levantó la voz.
No humilló a nadie.
Pero aquella seguridad serena bastó para calmar toda la fila.
La cabina quedó en silencio.
La mujer apartó la mirada, recolocó su bolso y no volvió a decir nada.
Blaire lo miró.